Jamin Gray whisper

Incomunicación emocional. ¿Te suena?

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Historia 1:

Nerea y Miriam están tomando un café en una pequeña cafetería del casco viejo de su ciudad, hace tiempo que no se veían, Nerea está pasando por una mala racha últimamente y necesita desahogarse y sentir el arropo de una buena amiga.

Tras un “Bueno, ¿y tú qué tal todo?” ve una oportunidad para mostrarse ante su amiga y contarle cómo se siente realmente y así lo hace. Empieza a hablar, las palabras se le entrecortan y sus ojos chispean, no es fácil poner palabras a todo eso que viene sintiendo estos últimos días.

Cuando levanta la mirada ve que Miriam, al lado de su taza de café, tiene un gran móvil muy cerca de su mano, más incluso que la taza que está tomando. Como si estuviera preparada para desenfundarlo de urgencia en cualquier momento. Aun así, muestra interés en lo que Nerea le está contando, e incluso le hace algún breve gesto inicial de comprensión y empatía.

Un par de segundos más tarde, suena un sonido en su móvil, tiene un whatsapp, decide atender el móvil y de paso, revisa mensajes anteriores y decide devolver una llamada pendiente excusándose a su amiga por ello, sale a la calle a hablar.

Nerea pierde la mirada entre las demás mesas de la cafetería, ahora sí que se siente sola e incomprendida.

 

Historia 2:

Hace un par de meses que a la madre de Dani le diagnosticaron un cáncer. Por desgracia, ya está muy avanzado y el pronóstico es realmente malo.

Dani suele pasar mucho tiempo con sus amigos del equipo de Balonmano, con los que se lo pasa muy bien. Ellos han sabido que la madre de Dani está muy enferma a través de la madre de otro compañero, y uno se lo dijo al otro, y así hasta que todos lo saben.

Dani sabe también que el resto lo sabe y espera encontrar alguna pregunta, algún comentario, un “algo” que le invite a poder hablar el tema en confianza y poder expresar lo que siente.

Pero lejos de eso, sus amigos se han propuesto no sacar el tema para que no se “raye” y animarlo a menudo a salir de juerga para que se distraiga. Hablan de todo, excepto del tema que se ha convertido en tabú. Ellos lo evitan, él lo busca, pero no hay encuentro.

A altas horas de la madrugada con alcohol en las venas y la música del bar que se acaba, Dani se apoya en la barra del bar y piensa por un instante lo difícil que es tener la oportunidad de poder hablar con alguien de todo eso que lo está devorando por dentro.

 

Historia 3:

Maite es una chica muy simpática y extrovertida. Se despierta todos los días a las 6.30 de la mañana y no para hasta que se acuesta. En su trabajo la aprecian mucho porque llega a todo e incluso cuando le piden que se quede más rato y haga alguna tarea pendiente, ella lo hace de buen agrado.

Al salir de allí, va siempre al negocio familiar a echarles una mano a sus padres y de allí, a la tarde-noche queda con dos amigas con las que acordó repasar lecciones de inglés. Sonríen mucho y se ríen mucho.

Cuando por fin, Maite llega a casa y está sola, un enfado le recorre todo su cuerpo y siente que es una injusticia como la tratan en el trabajo, siente la carga que le supone seguir tirando del negocio familiar y también piensa en lo poco que le apetece muchos días ir con sus amigas a aprender inglés.

Una emoción de ira invade todo su cuerpo, siente dificultad para respirar y una fuerte presión en el pecho. Golpea con los puños un cojín que tiene en el salón.

Mañana, volverá con su sonrisa a hacer todo exactamente igual que hoy. Porque Maite no sabe decir “no”.

 

¿Te suena alguna de estas situaciones? ¿De qué otra forma las reconducirías?

 

Amaia Etxeberria Iturriza. Psicóloga en la Asesoría Juvenil ZURELEKU

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